El día que cometí un robo
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La encontré por ahí, en uno de mis paseos vespertinos por el parque. Tiempo atrás ya me había topado con una piedra de decorado similar que decía “Be kind”. Recuerdo que aquel día iba caminando con la mirada al suelo, algunos dirán que con espíritu derrotado, yo más bien parecía buscar algo nuevo, una especie de tesoro… Encontré esa piedra, la leí “Be kind”. Pensé en la magia creada por aquel ser humano que se tomó la molestia de dar un mensaje al mundo a través de ella y me sentí afortunada de haberlo recibido. Suelo caminar cada tarde después de media jornada de trabajo para respirar un poco de aire semifresco, pero principalmente para revelar lo que dicen los árboles a través del movimiento de sus ramas, de la permanencia de sus hojas y la textura de su corteza. Así que, quizá para sorpresa de algunos, una vez más y otra vez, alrededor de 4 días vi que sobrevivía aquella piedra, justo al pie de un árbol entrecubierta de hojas amarillentas. Cada que pasaba la veía y la rozaba ligeramente con la punta de mis pies. Dejé de verla puesto que los árboles habían revelado la verdad, que un cambio climático se aproximaba, así fue. Semanas de lluvia llegaron y entre todo aquello la piedra desapareció.
Semanas después en otro paseo vespertino caminaba mientras narraba todo a mi paso en la grabadora de mi celular. Cuando de pronto noté a lo lejos, muy a lo lejos un pequeño y colorido bulto pendulando sobre un tronco de madera cortado, entre ramas desnudas y hojas secas amontonadas unas sobre otras espolvoreadas por la tierra. Caminé hasta allí, narrando esa inesperada aventura a mi paso. Era otra piedra, que a juzgar por la pintura era obra del mismo autor. Esta vez las palabras eran otras: “You’re awesome“ pero la magia era la misma, o incluso mayor, pues dos veces me pareció casi milagroso. Esta vez, igual que la anterior, me detuve frente a frente, como si se tratara de una criatura viva, la miré por todos lados intentando no perturbarla, como quien tiene miedo de ahuyentar a las palomas cuando están cerca. La observé, respiré tranquilamente pero podía sentir el sonido del espacio ingresando hasta mis pulmones.
De observarla pasé a verla, como a forma de despedida. No podía irme así de golpe. Mi corazón se comprimía cada que pensaba en irme así sin más. Después de verla cerré un momento los ojos, giré la cabeza y seguí mi camino, me esperaba otra vuelta dentro de mi recorrido, pero esta última vuelta no pude salir limpia. Cuando al fin iba a emprender el camino a casa no pude más y regresé a la piedra. Sentí que era para mí, o al menos para que alguien como yo la apreciara más de cerca. Regresé tan rápido como pude a ella temiendo que alguien la encontrara antes que yo, aunque el parque se encontraba solo, como suele estarlo a eso de las 3 de la tarde.
Al llegar no pude evitar contemplarla nuevamente, muchas preguntas resonaban en mi cabeza, como ¿quién la habrá puesto ahí? ¿qué intención habrá tenido? ¿sabrá el efecto que puede productir en alguien? ¿cuándo la habrán puesto ahí? ¿cómo han sobrevivido estas obras durante días? ¿ayudará este gesto a que muchas otras personas se sientan especiales? y muchas más, de momento estas son las más fáciles de recordar. Observé alrededor, seguía sin una presencia además de los árboles, los pájaros, los insectos y los automólviles pasando a lo lejos.
Al fin me envalentoné, me “encunclillé” y aunque despacio extendí mi brazo a ella y la toqué. Me pareció un regalo, un maravilloso regalo que no podía dejar ahí. Mis sentimientos egoístas me hicieron olvidar lo que me había planteado previamente sobre si podría ser para que las personas se sintieran mejor; yo necesitaba sentirme mejor y con eso me bastó en aquel momento. La guardé dentro de mi puño. Regresé a casa a paso amplio y veloz, como quien hurta un bolsillo.
Esa piedra sigue aquí. Aquí conmigo, dentro de una vitrina. Me pregunto si he robado también su libertad y de vez en cuando la saco a tomar el sol. Después vuelvo a contemplara, la aprieto con fuerza y con el corazón, después vuevo a guardarla en un lugar especial de mi hogar. Es mi deber cuidarla, a cambio de haber cumplido su supuesto objetivo y hacerme sentir increíble al recordar que pude encontrar no sólo una, sino dos maravillosas piezas del mismo autor de manera absolutamente inesperada.- Obtener enlace
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